Emilio

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Ningún favor...

...Le estamos haciendo a nuestros jóvenes con un sistema hiperproteccionista y no siendo capaces de cuestionar, de forma efectiva, qué mentiras nos cuentan, porqué lo hacen y qué creen poder conseguir por medio de la mentira.

Hace unos días, durante el carnaval, un grupo de niños y niñas, de unos 12 o 13 años, terminaron a golpes contra el cerramiento de la terraza de un bar. En el interior estaba el dueño y, entre los clientes , un agente de la Guardia Civil, fuera de servicio, que a esa horase estaba tomando un café. El dueño del bar salió y separó a unos que se estaban pegando, o quizá jugando a lo bestia. El caso es que una de las niñas a las que separó, decidió que sería buena idea montar un númerito, decir que la había agredido y difundir esta mentira entre sus amigos y amigas. Algunos de ellos, defensores de pleitos pobres, pensaron que lo mejor sería ir a la puerta del local a amenazar de muerte al dueño.

Repito, por si alguien lo olvida, que allí había un agente de la Guardia Civil y más tarde, se personó la policía local. Pusieron paz y todo debía haber quedado en una tontería, pero no. Al cabo de un rato volvieron al lugar y uno de esos menores, pedía desafiante al dueño que saliera del local porque "te voy a matar".

Nuevamente medió la autoridad y los chavales se largaron, aunque no muy contentos. Y presicamente por eso siguieron con la campaña de difamaciones, insultos y amenazas en las redes sociales. Que sí, que son cosas de niños. O no.

Aquí lo grave es que una madre, la de la supuesta agredida, dedica sus mañanas a ir a la zona y difundir calumnias en los bares cercanos. Y no me cabe duda de que lo hace engañada, entre otras cosas porque en las redes sociales, ilustraron la falacia con una fotografía del cuello magullado de la joven, fotografía en la que se veía de la barbilla para abajo. Lo malo es que la madre va contando que, según su hija, a la niña se la agredió con una colleja y, oigan ustedes, de garganta a nuca hay un trecho.

Espero que sean los padres lo que pongan freno, porque la historia está sirviendo para saber que hay un grupo, por la zona centro de Valdepeñas, que ha hecho cosas parecidas con varias personas y que muestran sus partes íntimas a niñas pequeñas, entre otras gracietas. Si yo fuera padre de alguno de estos críos, me preocuparía en qué se están convirtiendo.